Artículo del tiempo. Los maestros del futuro A los propios maestros les queda el desafío de la autocrítica

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Un tema que vuelve sobre el tapete educativo y pedagógico sobre la formación de los maestros que se debe abordar con sentido crítico para aportarle a su transformación. A raíz de resultados de evaluación de profesionales de diversas disciplinas, dentro de la cual se encuentra la educación y en específico las licenciaturas y por ello el pronunciamiento del Mineducación y las paginas de los medios.

Editorial: Los maestros del futuro

A los propios maestros les queda el desafío de la autocrítica

Que la calidad de los profesores es uno de los factores que contribuyen a una mejor educación es una realidad que pocos hoy ponen en discusión. Junto con variables como el equipamiento de las escuelas, el número de estudiantes por salón y el entorno socioeconómico de la comunidad, entre muchas otras, el nivel de formación de los maestros influye en los contenidos que los más jóvenes reciben y en su capacidad de asimilarlos.

Por ese motivo, preocupan tanto los resultados de las Pruebas Saber Pro del año pasado, dados a conocer el jueves anterior por el Ministerio de Educación y el Icfes. Por varios años, los universitarios del país han venido presentando estas evaluaciones sobre ciertas competencias básicas antes de salir al mundo laboral. El Gobierno busca así medir la comprensión de lectura, el dominio del inglés, el razonamiento cuantitativo y la capacidad de expresar correctamente ideas por escrito de los próximos graduados.

En noviembre del 2011 les tocó el turno a cerca de 146.000 estudiantes, dentro de los cuales había 11.889 pertenecientes a programas de las ciencias de la educación. El panorama general de estos futuros maestros no es muy alentador. Sólo en el área de escritura el balance es positivo: 43 por ciento de ellos alcanzó niveles aceptables frente a un promedio nacional de 40 por ciento. En las tres restantes dimensiones, los educadores registraron los más precarios desempeños generales en comparación con el resto de programas universitarios.

Estas estadísticas no sólo reflejan vacíos en la actual preparación que ofrecen las licenciaturas sino que también activan alarmas ante el desempeño futuro de los profesionales. Si quienes están a cargo de enseñar a leer, escribir y contar no lo hacen bien, pocas esperanzas les quedan a las pequeñas mentes que deben formar. Lo más grave es que estas alertas no son nuevas y se vienen debatiendo desde hace tiempo.

Que los maestros se ‘rajen’ en estas evaluaciones oficiales no debe generar mayor sorpresa. El impartir la enseñanza primaria y secundaria no se cuenta entre las profesiones más apetecidas y atractivas para los bachilleres. Las razones para este prestigio tan bajo son múltiples y van desde la remuneración económica hasta el reconocimiento social. En cuanto al primer aspecto, los datos del Observatorio Laboral del Ministerio de Educación son contundentes. En el 2009, mientras el salario promedio de los universitarios recién graduados era de 1,3 millones de pesos al mes, el de los profesores está en un promedio de 935.000 pesos.

Frente al estatus del maestro, Colombia no es la única sociedad con ese reto. Un reciente informe de la OECD le recomienda a EE. UU. elevar el nivel de sus educadores como una de las estrategias para mejorar la calidad de su educación. Si bien la paga es un elemento fundamental en el prestigio de las profesiones, países líderes en este tema, como Finlandia y Singapur, han desplegado otros estímulos más ligados al liderazgo y la capacidad transformadora de la enseñanza. En Corea del Sur, los profesores son tratados de “constructores de la nación” por su papel en la generación del capital humano.

A los propios maestros les queda el desafío de la autocrítica. La politización del magisterio público en Colombia, un gremio que hoy tiene varios senadores, se interpone tradicionalmente a los esfuerzos para la evaluación y la medición de los docentes. Sin una responsabilidad directa y cuantificable de la enseñanza en las aulas es difícil diferenciar los buenos educadores de los malos y premiar a quienes desarrollan las mejores prácticas pedagógicas. Al final, solo queda la mediocridad. Como en las Saber del 2011.

editorial@eltiempo.com.co

Publicación: eltiempo.com
Sección: Editorial – opinión
Fecha de publicación: 19 de marzo de 2012
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